El sol comenzaba a esconderse.
Ella se había salido a verlo, no sabía aún a que había ido a aquella fiesta, con lo que no estaba aún del todo cómoda.
Le encantaban los atardeceres, para ella era un momento único.
Ese momento en el que todo acaba y todo empieza.
Ese momento en el que todo queda igual pero todo comienza a cambiar.
Ella miraba con ojos atentos. Iba disfrazada de pirata, le encantaban sus historia.
Ellos vivían cada día al máximo, porque cada día podía ser el último, y apreciaban por ello cada cosa, inclusive los atardeceres.
Miraba sentada en aquella terraza aquel sol que poco a poco iba quemando menos, aquel sol que se quedaba sin fuerzas, aquel sol que en ese momento le quemaba tanto a ella... le traían tantos recuerdos y tantos sentimientos.
Aún recordaba el último atardecer a su lado... a veces, cuando miraba otros atardeceres, miraba a su alrededor buscándole, se le hacía tan raro que no estuviera allí.. a él le encantaban ese tipo de fiestas.
Y de repente las risas del interior de la fiesta comenzaron a aumentar de volumen. Ella se dio cuenta de que alguien salía y en ese mismo instante se dio cuenta de que sus ojos estaban llenos de lágrimas. Se las secó y cerro los ojos, no quería ver a nadie... era su momento, era su atardecer, eran sus recuerdos y sus sentimientos y esta vez no quería compartirlos con nadie.
Silencio de nuevo... quien hubiera sido le había visto y no quería hacer cuentas con ella ni preguntar que le ocurría. En verdad a ella le había venido bien que quien hubiera sido hubiera decidido esa vez ignorarla.
Le hubiera encantado que hubiera sido él, pero sabía que no lo era... ahora vivía tan lejos..
Miró de nuevo al sol. Ya no quedaba casi nada de él, no quedaba casi nada de ese atardecer, y aún quedaban horas para que volviera a salir.
- Ya pensaba que no te iba a encontrar aquí.
Esa voz... no podía ser, debía estar soñando despierta, no podía ser él. Una vez más sus sentimientos se la estaban jugando y jugaban con ella...
Siguió mirando al frente con su disfraz, el viento soplaba un poco. Era un momento ideal para recitar "La canción del pirata". Amaba aquel poema.
+ "Con diez cañones por banda, viento en popa a toda vela, no corta el mar si no vuela un velero bergantín". Paró un segundo, otra vez sus sentimientos querían salir a flote.
Pero en ese instante, cuando iba a continuar aquella voz prosiguió con su poema.
- "bajel pirata que llaman por su bravura el 'temido' en todo mar conocido, del uno al otro confín"
No podía ser... era imposible... él estaba lejos, se había ido, sólo podía volver a veces y ese fin de semana juró y perjuró que no podía.
Y entonces cerró los ojos, una lagrima cayó de ellos. Se dijo a si misma que sólo era su recuerdo el que hablaba, no hay nadie más en aquella terraza.
El aire soplaba más y más fuerte. Ella cerró muy fuerte los ojos para evitar que más lagrimas tontas salieran de allí. De repente, comenzó a sentir como le acariciaban la mano. Ella quiso pensar que era un sueño, no podía ser otra cosa, a menos que fuera una hoja que el viento había arrastrado hasta su mano.. No, no era una hoja, notaba el contacto de su mano con otra piel.
Inspiró muy fuertemente para que aquél sueño loco se acabará, y entonces le llegó su aroma... era imposible que él estuviera allí.
Cerró los ojos con más fuerza... estúpido destino,¿por qué le quitaba a la persona que más quería y no paraba de mandarle señales parar recordarlo?
Entonces notó como algo se acercaba a su oreja, y un susurro comenzó a decir " Sé cuanto te gustan los atardeceres. En nuestro último atardecer te cogí igual de la mano y te juré que volveríamos a ver uno juntos, te juré que nunca te dejaría sola, te juré que volvería a por ti para verte todas las veces que hicieran falta.. iría hasta el fin del mundo por verte sonreír."
Notó esa sensación por todo el cuerpo, todos sus pelos se pusieron como escarpias. Abrió los ojos y de ellos brotaron todas aquellas lagrimas que llevaba tanto tiempo evitando.
Giró su mirada hacia donde le habían susurrado, era él y había vuelto para ver un atardecer como le prometió. Pero eso no era todo, él iba disfrazado de pirata.
Ella se tiró a su cuello y acariciaba su cara intentando salir de su asombro, no podía parar de llorar. Él no paraba de mirarle sonriente y de abrazarle con mucha fuerza, para que ella notara que aquello era cierto.
Se separaron unos milímetros, y mientras ella seguía acariciándole el rostro, el le besó los labios.
- Te dije que volvería. Te quería dar una sorpresa porque sé lo mucho que te encantan, por eso me negué rotundamente a decirte que iba a hacer este fin de semana.
Él comenzó a secarle las lagrimas a ella, mientras brotaban unas pocas de sus ojos.
- No quiero que esa sonrisa tan bonita se empañe con lagrimas mi niña.
Ahora fue ella la que acercó su boca a él y se besaron.
Él se fue a levantar, pero ella no le dejó.
+ Olvidémonos de todo por un momento. Olvidémonos de la fiesta y disfrutemos de otro atardecer. Disfrutemos de este principio y fin.
Él le sonrió. Amaba todas aquellas locuras que le decía. Se sentó a su lado y la abrazó cariñosamente. Se quedaron los dos parados hasta que la luna salió, hasta que vieron morir al día, hasta que vieron renacer todas las emociones.
Vivieron juntos aquél nuevo morir del día, aquel viejo atardecer.
Y ella comprendió que detrás de cada sentimiento, hay un atardecer disfrazado.