Momentos de felicidad.
Cumbres de sonrisas.
Esos momentos que te gustaría que fueran eternos, que no acabaran nunca.
Sonrisas que te llevan a las mayores ilusiones, las mejores experiencias.
Risas.
Esas risas que se te clavan en la memoria y que no puedes sacar, porque... son tan mágicas.
Pero no todo es perfecto.
Todo lo que sube, baja.
Y entonces llega la tormenta, comienzan las discusiones, enfados y lágrimas.
Esas lágrimas.
Y en esos momentos te das cuenta de lo frágil que puede llegar a ser una sonrisa. Y te das cuenta de como hay que cuidarla.
Esta claro que con el paso del tiempo, recuerdas más lo bueno que lo malo. Pero hay recuerdos malos que, cuando te das cuenta, han durado más tiempo que los buenos.
¿Por qué? ¿Por qué una mala noticia puede ocupar en nuestra mente varios días, semanas e incluso meses y, en cambio, una sonrisa no dura más de 5 minutos?
No vengo a convencerte, ni a ti ni a nadie, pero yo sé de lo que hablo. Y me he cansado
BASTA.No lo soporto más. Quiero que las sonrisas dejen de ser tan frágiles y que romper a llorar sea tan fácil.
Quiero sonrisas por doquier, que los buenos recuerdos inunden mi cabeza más que una mala sonrisa, lo necesito, lo quiero.
Hace unos días una noticia me hizo darme cuenta de todo esto. Hasta ese momento, miles de felices momentos ocupaban mi cabeza. Hoy, tras aquella noticia, los recuerdos sólo me hacen llorar, cuando hasta hace nada, me sacaban una gran sonrisa.
Hay momentos en los que quieres luchar, pero estás tan cansado...que una sonrisa tan frágil como el cristal se rompe con un pequeño soplo de amargura.
Hoy mi ángel no me cuida, hoy tiene ALAS FRÁGILES.
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